Un estudio de 2004 demostró que los ciclistas que se enjuagaban con una bebida deportiva durante cinco segundos para después escupirla tenían mejores tiempos en una crono de 40 kilómetros que un grupo de control. Un estudio de seguimiento de 2009 señaló un 3 por ciento de mejora en el rendimiento. Y otro estudio de 2013 utilizando una bebida con cafeína e hidratos demostró una mayor habilidad para la velocidad. En los tres casos, el cerebro varió el rendimiento físico bajo una falsa percepción de una ingesta de una fuente de energía.
Aquí tienes cinco estrategias para persuadir a tu cerebro para que deje de regular:

Repeticiones a ritmo de competición: Le enseñan a tu cerebro que el esfuerzo no es negociable. Haz que el entrenamiento sea lo suficientemente duro para estimular la fatiga que sentirás en la parte media o final de la competición.

Entrenamiento “seco”: En una prueba de resistencia los depósitos de glucógeno se vacían, lo que conlleva la deshidratación. Déjate el bidón en casa cuando entrenes para que el cerebro se acostumbre a esas condiciones.
Carreras más largas: Si te cuesta aumentar tu volumen de entrenamientos, añade entre un 25 o 50 por ciento de distancia (en kilómetros o minutos) en una carrera tipo. Sufrirás, pero te sorprenderás de lo fácil que será hacer un 10 o 20 por ciento más la próxima vez.
Series en negativo: Si vas a hacer una media o un maratón, corre parte de la segunda mitad de la tirada larga a ritmo de competición.
Competiciones de ajuste: Aprovecha las competiciones como ajuste para que tu cuerpo pueda con el esfuerzo de competición.

Tu cerebro está diseñado para protegerte. Pero no es tan obstinado. Tu trabajo consiste en demostrarle que se puede fiar de ti. Y entonces, como un padre orgulloso que le deja las llaves del coche a un adolescente responsable, te recompensará con un aumento del rendimiento muy interesante.

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